Conservación de psitácidos en la Península de Yucatán

En esta ocasión les quiero platicar acerca de la importancia de un grupo de aves que forma parte de la fauna de la Península de Yucatán. Técnicamente conocidos como psitácidos, en este grupo encontramos a todos los loros, pericos y guacamayas del nuevo mundo (América), así como a las especies representativas de África y Australia donde tuvo también su origen evolutivo este grupo de aves.

Para México se ha descrito la distribución de 21 especies de estas aves, dentro de las que destacan dos especies de guacamayas (Verde o militar y la roja), dos especies endémicas que habitan en las serranías del norte del país (Cotorras serranas), el loro tamaulipeco o cabeza amarilla, y que es el que mayor facilidad tiene para articular las palabras que imita del sus compañeros los humanos cuando este es domesticado.

En la Península de Yucatán, en particular el centro de Quintana Roo, región en la que habito, se distribuyen de manera natural tres especies de psitácidos: Perico pecho sucio (Aratinga nana astec), la cotorra guayabera (Amazona albifrons) y una especie endémica llamada Loro yucateco (Amazona xantholora).

Estas tres especies han sido aprovechadas por los habitantes de la región para adoptarlos como mascotas, lo cual se considera como tradicional en la región, al igual que sucede con el loro cabeza amarilla en estados como Tamaulipas o Veracruz. Sin embargo, esta práctica ha sido negativa para algunas especies hasta el punto de que sus poblaciones naturales se han visto amenazadas de desaparecer debido a que a la par de su aprovechamiento se han perdido extensiones importantes de su hábitat natural.

La Península de Yucatán cuenta con diversas regiones consideradas como prioritarias para la conservación, lo cual permite que muchas especies de psitácidos, así como otros grupos de animales, cuenten con poblaciones naturales sanas. Sin embargo, al igual que en otros territorios del país y del mundo, los ecosistemas también han sido modificados por acciones humanas como la agricultura, incendios forestales o modificación de los terrenos para habitarlos. Así como ha sucedido con otras especies de psitácidos, las especies de la Península de Yucatán han sido aprovechadas también como mascotas y comercializadas en el mercado ilegal de vida silvestre.

En este sentido, se han llevado a cabo algunas acciones de conservación para los psitácidos como es el uso de nidos artificiales con la finalidad de aumentar su población o evitar que esta disminuya.

 

Los nidos artificiales son elaborados de madera de desecho, la cual se busca que cuente con la parte interna hueca para que al interior de este tronco puedan colocar sus huevos las hembras de estas parejas que cuando se unen lo hacen de por vida.

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