Mensaje en una botella.

IMG_6645Te envío este mensaje en una botella de vino tinto que recién terminé. Desde hace algunos años me he vuelto aficionado a tomar vino. No sé mucho respecto del tema, sin embargo, el beberme unas copas de un buen tinto, me da cierto aire de intelectualidad, de importancia.

Así que tras haber abierto la botella ya te habrás llevado una leve decepción al ver que no tiene vino. En su lugar contiene estas líneas escritas bajo su efecto y que si no te embriagan, al menos deseo que te colmen de alegría.

Hace ya muchos años que no sé de ti, veinte quizás. No llevo la cuenta exacta. En un inicio decidí no darle importancia a tu partida. Como una estrategia de defensa o para olvidar el evento lo más pronto posible. No miento al decir que pudo haber sido el enojo por saber que iba a ser difícil volver a verte. Y es que a la fecha dudo si sigues vivo. Es justo hoy que decidí entrar en un hipotético contacto contigo para hacerte saber lo mucho que lamenté tu naufragio.

Considero que de los amigos que he tenido tú eres el más entrañable. Y digo “eres” porque confío que habites en una de esas islas imaginarias a las que, desde la niñez viajábamos o nos hacían viajar los adultos con los relatos que nos contaban.

Y bien, me pregunto cómo te ha ido. ¿Aprendiste algo de la novela Robinson Crusoe? ¿Hiciste tus herramientas con lo que la naturaleza te provee? ¿Estás solo o fueron varios más los que sobrevivieron al naufragio?
Quizás ya volviste siendo otro y decidiste cambiarte nombre y apellidos. O arribaste a otra costa en la que decidiste quedarte aprovechando que la vida te ha dado la oportunidad de vivir otra vida.

Yo ya no estaba ahí cuando me dieron la noticia del acontecimiento, ya había dejado atrás a mi familia y a mi pueblo natal, que también fue tu pueblo. En alguna de las visitas posteriores me di cuenta de algunos de los detalles de tu partida. Me lo comentó mi papá y algunos de los amigos con los que estudiabas.

Aprovechando la visita, pasé por casa de tu familia, la que está junto al parque principal, esa casa antigua donde vive tu tía, la que guardaba esos dulces en el ático, reservándolos para una ocasión especial y que abrimos a hurtadillas para probar. Vi a lo lejos a tu papá, no tuve la fuerza ni las ganas para ir a preguntarle por ti. Para qué, me pregunté; además de que tuve cierto temor a hacer algún comentario incómodo.

Al paso de los años, de repente, como flashazos al estilo de una película de Hollywood, se atraviesan recuerdos por mi mente de mañanas, de esas nubladas que acentuaban su frío por la sombra del árbol de matapalo que estaba cercano a la puerta del salón de tercer año de secundaria. En otros momentos, se atraviesan también atardeceres, de esos que ocurrieron en el bachillerato, en los que resultaba alentador encontrarse con un rostro amable en medio de tanta hostilidad provocada por la confluencia de alumnos que veníamos de diversos estratos y de diferentes espacios educativos de los que había en la región.

Todo lo anterior me lleva a concluir que este ejercicio de escribirte me da la pauta para decirte lo que no hubo oportunidad de decirte, ya que no se me había ocurrido cómo hacerlo. De repente me llegó esta idea de enviarte en una botella este mensaje. Expresar que lamento tu naufragio, lamento no haberme despedido y lamento no haber tenido el valor de haber dado a tu familia un abrazo de esos que dicen que reconfortan.
Además, a estas fechas no he sabido nuevamente de tu familia, solamente y muy de repente, solo de tu hermano, y gracias a la tecnología que tanto te gustaba, las computadoras, la programación, todo eso que ahora acorta distancias. Las distancias que pueden acortarse, en las que no figura la distancia a la que te encuentras tú.

Mi buen amigo, no sé si volvamos a encontrarnos, el poner los pies en la tierra me indica que no, pero la imaginación me indica que sí. Mientras tanto dejo este mensaje en esta botella. Me da certeza el imaginar que puedas leerlo y que sepas del aprecio que te tengo.

La amistad es algo que se me ha dado con pocos, y tú eres parte de esos pocos. Deseo, a manera de despedida, que estés bien, que estés mejor, que estés…

Pongo también papel en blanco y lápiz para que me respondas. Diles a tus amigas las olas que me envíen tu respuesta de regreso.

Disculpa por haber escrito esto hasta tantos años después, no habértelo dicho cuando estabas por acá y no tener la certeza de recibir una respuesta de tu parte. Lo que no lamento, es haber compartido parte de la vida con un amigo como tú.

A donde estés, va con aprecio.

Este se lo dedico a mi amigo José Reynoso Guzmán, a quien tuve la fortuna de conocer en aquellos años inciertos que suceden entre la secundaria y el bachillerato.

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2 thoughts on “Mensaje en una botella.

  1. Hola Beto, te mando un gran saludo, me da mucho gusto leerte. Creo que has mejorado bastante, y tus escritos tienen mucha elocuencia, me congratulo de ser tu hermano. Recibe todos los abrazos

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